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Revista Argentina de Musicología, vol. 27 nr. 1 (2026): 275-279 ISSN 2618-3072 (en línea)


En homenaje a Omar Corrado


Omar Corrado (1953-2026) fue una de las figuras más destacadas de la musicología argentina y latinoamericana. Graduado en el Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional del Litoral y doctor en Historia de la Música y Musicología por la Universidad de París IV-Sorbona, desarrolló una extensa trayectoria académica e intelectual reconocida nacional e internacionalmente. Fue becario del Gobierno de Francia, del Instituto Goethe, del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) y de la Fundación Paul Sacher (Basilea). Fue profesor invitado por numerosas universidades de Europa, América y Japón, y titular de la Cátedra Jesús Romero del CENIDIM (México) en 2017. Sus investigaciones sobre la modernidad musical argentina, las vanguardias, Juan Carlos Paz y las relaciones entre música y política constituyen aportes fundamentales para la comprensión de la música argentina de los siglos XX y XXI. Además de múltiples artículos publicados en revistas nacionales e internacionales, es autor de los siguientes libros: Música y modernidad en Buenos Aires 1920-1940; Vanguardias al Sur. La música de Juan Carlos Paz; Estudios sobre la obra musical de Graciela Paraskevaídis; Recorridos. Diez estudios sobre música culta argentina de los siglos XX y XXI; Sonografía de la pampa. Música argentina durante el primer peronismo 1945-1955 y Sujetos encontrados. Fragmentos sobre música, teorías y cruces (1993-2025). Fue distinguido con el Premio de Musicología de Casa de las Américas (2008) y con el Premio Konex en dos oportunidades (2009 y 2019). Desempeñó una extensa labor docente en instituciones nacionales como el Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional del Litoral, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la Universidad Católica Argentina, en la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario, entre otras. Fue Miembro de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes.

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Escribo estas líneas sabiendo que probablemente habrían incomodado a Omar. Nunca fue afecto a la pomposidad de ciertos habitus académicos. Aun así, quienes aprendimos de sus clases y de sus investigaciones, y tuvimos el privilegio de compartir conversaciones con él, sentimos la necesidad de recordarlo.

Conocí a Omar cursando la materia Música Latinoamericana y Argentina que dictaba en la carrera de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Sus clases eran excepcionales. Combinaban una erudición poco común con una extraordinaria capacidad de reflexión. Lo que más impresionaba no era solamente la amplitud de sus conocimientos, sino la sutileza con la que formulaba problemas y abría nuevas perspectivas sobre fenómenos musicales que parecían ya conocidos.

La primera vez que hablé con él fuera del aula fue a propósito de un artículo suyo sobre el Chango Spasiuk que le pedí prestado al término de una clase. Por entonces yo estaba particularmente interesado en el chamamé. Mirado retrospectivamente, me resulta llamativo que la última presentación que compartimos, en octubre de 2025, haya vuelto a girar en torno al mismo tema que había dado origen a aquella primera conversación, aunque ninguno de los dos fuéramos especialistas en él, y cuya única autoridad era ser parciales oyentes enculturados del género.

Durante toda la cursada coincidimos en el viaje de regreso en el mismo colectivo después de sus clases. Todavía recuerdo la mezcla de entusiasmo y temor que me acompañaba en esos trayectos. La mayoría de las veces hablaba él, mientras yo me esforzaba por tratar de retener nombres de autores, títulos de libros y películas que mencionaba al pasar. Esos viajes fueron dando lugar a una relación intelectual y personal que habría de acompañarme durante muchos años.

Nuestra relación conservó siempre una condición particular. Había momentos en que el intercambio adquiría una cercanía propia de una amistad y en otros reaparecía la distancia de los vínculos académicos. Con el tiempo comprendí que esa oscilación formaba parte de su modo de estar con los demás. Omar administraba cuidadosamente sus relaciones personales. Los gestos de confianza eran escasos, pero precisamente por eso adquirían un valor especial.

Hay facetas de Omar que probablemente resulten menos conocidas. Su fascinación por la agobiante noche del monte chaqueño de su infancia —que yo también conocía y siempre volvía en las conversaciones— o su inesperada aparición en la pantalla grande. Recuerdo mi sorpresa al descubrirlo formando parte de la película Esas cuatro notas (2004) de Rafael Filippelli junto al querido Federico Monjeau, Gerardo Gandini y Beatriz Sarlo. De manera casi inmediata asocié esa


aparición con otra imagen que conocí gracias a él: la de Juan Carlos Paz actuando en la película Invasión (1969) de Hugo Santiago. Tal vez la asociación haya sido arbitraria, pero no pude evitar pensar que, a veces, somos devorados por nuestro propio objeto de estudio.

Para quienes nos interesamos por la música argentina y sus vínculos con la política, sus trabajos constituyeron una referencia ineludible. De hecho, mi interés por esa problemática surgió a partir de la lectura de sus artículos. Cuando la Revista Argentina de Musicología me invitó a coordinar un dossier sobre música y política, Omar fue la primera persona a la que convoqué. Aquella invitación encerraba una forma de reconocimiento implícito hacia quien había contribuido decisivamente a modelar mi manera de pensar esos problemas. Lamentablemente, su estado de salud le impidió participar y nos privó, probablemente, de uno de sus últimos trabajos.

Esa y otras conversaciones quedaron pendientes. Su obra, en cambio, seguirá acompañando a quienes encontramos en ella una forma rigurosa y estimulante de pensar la música. Volver a sus libros será también una manera de retomar, al menos por un momento, aquellas conversaciones allí donde quedaron interrumpidas.


Guillermo Dellmans


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De izquierda a derecha: Hernán Gabriel Vázquez, Omar Corrado, Omar García Brunelli y Guillermo Dellmans en Congreso Argentino de Musicología 2025. Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario, Presentación del libro Sujetos encontrados. Fragmentos sobre música, teorías y cruces (1993-2025), 27-08-2025. Fuente: Fotografía tomada por Mariana Signorelli.


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Yo, su tocayo —Malena Kuss nos llamaba Omar 1 y Omar 2; a mí me correspondía el segundo lugar— tuve el privilegio de tratar a Omar Corrado durante los últimos veinte años. Además, fue codirector de mi tesis doctoral, tarea en la que se involucró con el mismo compromiso que mi directora, Irma Ruiz.

Siempre me impresionó su sencillez y humildad, rasgos que contrastaban con una erudición verdaderamente extraordinaria. Con frecuencia descubría facetas desconocidas de su trayectoria: que hablaba cuatro idiomas, que participaba en congresos altamente especializados dedicados a Beethoven en Alemania o, más recientemente, su actividad como guitarrista, de la que hasta entonces no tenía noticia.


Su curiosidad intelectual parecía no tener límites. Conocía el mundo de manera directa y profunda, y viajaba constantemente. Uno de sus últimos destinos fue Islandia; poco antes había debido cancelar un viaje a los Balcanes debido a la situación política de la región. Cinéfilo refinado y lector apasionado de novelas policiales, siempre encontrábamos temas de conversación en común.

Sus consejos profesionales eran invariablemente acertados, aunque nunca invasivos. Encontré siempre en él una palabra de aliento y una disposición generosa, exenta de censuras o dogmatismos. Tuve también la oportunidad de editar para el Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega” su último libro, una compilación de trabajos producidos entre 1993 y 2025 que aborda una amplísima variedad de temas. Una vez más, pude admirar una de sus mayores virtudes como investigador: una prosa de notable claridad y ligereza, capaz de vehiculizar reflexiones de gran densidad conceptual.

Su partida, tan repentina como inesperada, deja entre quienes lo conocimos un vacío difícil de sobrellevar.

Omar García Brunelli